El primer pedaleo y el primer viaje
Este blog se inauguró por el final, contando los últimos viajes, así que yo (escribe Tere) empezaré por el principio. El primer viaje fue muy corto, sólo una hora y media. El tiempo de llegar al Esparragal. Pero quizá sea el más importante por dos cosas: descubrí la bici, y lo que es mejor, la posibilidad de recorrer el mundo sobre ella. A raíz de esa primera salida, nos planteamos hacer la primera escapada larga. Tendría tres días y sería en el otoño. Aún no tenía mi bicicleta blanca, así que me llevé la naranja de Miguel con las alforjas pequeñas porque no sabríamos como lo soportaría. Salimos desde La Alberquilla con todo el miedo del mundo y el estómago lleno de nervios. Pasamos el puente viejo, la casa de mi abuelo, el gran Juan Mínguez, y continuamos por la carretera de Caravaca. Teníamos que llegar cerca de Aledo, a la casa que el fotógrafo Paco Alonso, amigo y compañero, nos dejó para que hiciéramos noche. Las sensaciones eran inmejorables. No estaba cansada. El pobre Miguel se pasó todo el viaje preguntándome cómo estaba por temor a que fuera demasiado. Se equivocaba. Subimos la cuesta que llevaba a casa de Paco y allí nos esperaba con su mujer y su perra Niebla. Luego ellos se fueron. Primera noche viajando en bici. Es increible hasta dónde te puede llevar la bici. Eso pensé entonces. El pensamiento lo he repetido muchas otras veces camino de Santiago de Compostela. A la mañana siguiente nos levantamos pronto y nos tomamos un buen desayuno, porque "hay que comer y beber antes de tener hambre y sed" (repite siempre Miguel). Tuvimos que subir un cuestón importante, el de la Santa, antes de Totana. Mi primera gran cuesta. El descenso por la zona de la Charca fue espectacular hasta llegar al pueblo. Nos tomamos un café con leche y seguimos camino de Puntas de Calnegre por la carretera de Mazarrón. Al llegar a un cruce nos encontramos un desvío que no pintaba mal pero que barruntaba cuestas antes de llegar a Morata. Decidimos subir. Nuestro presagio se hizo realidad y tomamos la ruta llena de toboganes interminables. Pero no me afectó. Estaba muy feliz. Llegamos a Morata y devoramos un plato de patatas con huevos fritos y chorizos. Nos acordamos del Muñoli (es que a él le encanta esa comida). Después de comer seguimos hasta Puntas de Calnegre sin llegar a entrar. Cada vez veía más cerca el temido Lomo de Bas o la Cuesta de Gos (los pongo los dos porque nunca me aclaro qué es qué). Paramos antes de empezar. Me tomé una barrita de sésamo de comercio justo y empecé a subir. Miguel iba a mi lado animándome y haciendo fotos. También grabó vídeos que luego fueron la prueba para los incrédulos, amigos y familiares, que dudaron de mi primera hazaña en la bici. La antena cada vez estaba más cerca y al final, la tuve al lado. Ni mil palabras que escogiera cuidadosamente podrían transmitir lo que sentí. Así que mejor no escribo nada porque no se ajustaría a la verdad. En la bajada le dije a Miguel que se adelantara, porque a él le gusta volar. Yo voy más tranquila. El bueno de David Vidal nos dio alojamiento y cena en su casa . Pensamos qué hacer al día siguiente. Había dos opciones: montar las bicis en el tren y regresar a Lorca o regresar a Lorca por terreros y la temida Cuesta del Capitán en Jaravía. Optamos por la segunda. Cruzamos Terreros, pasamos cerca de mi rincón y comenzamos la subida a Jaravía y la Cuesta del Capitán. Otro descubrimiento y sin síntomas de pájara. Pensaba en la frase del Muñoz "no nos merecemos esto". Allí comenzó el regreso por Pulpí hasta La Alberquilla. El primer viaje había terminado. Dudé entonces si habría más. El destino así lo quiso y los hubo. Gracias a quién se encargue de trazarlo.



