Los chicos se hacen los remolones para contar nuestro viaje de fin de semana y nocturno hasta Topares, así que lo haré yo que fui la única mujer que participó en la expedición. A los demás os los voy presentando poco a poco. El más moreno de todos era Francis (quedaos con su nombre porque en primavera lo escuchareis como uno de los vencedores del Maratón de Sables). Como es habitual en él, vino acompañado de su omnipresente sonrisa. Nos acompañó la primera noche hasta La Parroquia y al día siguiente, hizo lo propio hasta mediodía, hasta pasado Zarcilla. Aunque no estuviera, se le sintió el resto del viaje. Uno de los más ilusionados con este viaje era Enrique Rondán, era su primero con alforjas. La bici le trajó algún que otro dolor de cabeza y la llegada a Topares el sábado por la noche estuvo especialmente pasada por agua para él. La cadena le jugó una mala pasada y tuvo que ser arrastrado por una joven que luego recibió como recompensa una merecida invitación en el local social, bar, centro cultural, auditorio....El Antoñico Muñoz iba algo torcío la primera noche, pero a la hora de la cena ya era el de siempre. A él le encanta subir cuestas, así que no sufrió demasiado en el viaje y cuando regresábamos no paraba de protestar porque los demás soñábamos con una ducha y el sofá, y él hubiese seguido pedaleando hasta el fin del mundo. Así es el Muñoli, un crack. Por cierto, no se olvidó de su bote de piña en almíbar que nos comimos el sábado a mediodía en un paraje por ahí perdidos en el que encontramos una casa abandonada con una mesa de camilla y un sillón rojo a modo de trono real. Jose Topares fue el que lo ocupó como buen afitrión. Jugaba con ventaja porque no llevaba alforjas pero también es verdad que el sábado hizo algunos kilómetros más que los demás. Las setas lo llevaban loco, y no porque tomara de las alucinójenas, sino porque no dejaba de mirar por todos lados a ver si podía llevarse algunas para la cena. Al final las consiguió. Eso sí, lloviendo a mares. Pero da igual, los que no somos de Topares no podemos saber el incalculable valor de las setas, y del Topares, por supuesto. A él y a su familia hay que agradecerles que nos dieran alojamiento en el cortijo, que nos enchufaran la estufa de leña para calentar la ropa empapada, que cenaran con nosotros en el local social, bar, centro cultural, auditorio....y que por la mañana nos invitaran al desayuno en el local social, bar, centro cultural, auditorio....Otro Jose, el Lozanico, fue un fiel compañero en mis escapadas, aunque sólo conseguimos hacer efectiva una en el alto del Collao de Carasoles. Al final se llevó el premio a la regularidad y a las alforjas más bonitas. El Gabi Chumillas sí que es un competidor, aunque tengo que decir que poco caballero. En la llegada a La Parroquia se dejó todas sus fuerzas por intentar ganarme al sprint. Al final lo consiguió, pero ¡hombre, eso no se hace! Por cierto, fue el primero en caerse, je, je, je. De David, aunque se cayó en un charco no me río. Era de los más frescos y consiguió alcanzarnos la noche del sábado antes de llegar a Topares. Ahora que ya ha pasado aprovecho para confesar que casi le quemo los guantes en la estufa. También nombraré al equipo logístico: El Richard Tudela, la marchosa de Mari Ángeles, Juani y Lidia. Faltamos Miguel yo Yo. Creo que es suficiente con que diga que ha sido un placer compartir este viaje con todos vosotros y que le tomaremos la palabra al alcalde pedáneo para repetir la ruta cada año...