Desde Pelhrimov
Informaban las predicciones consultadas en Espagna y las consultadas en Viena sobre las abundantes lluvias que nos caerían encima si iniciábamos el viaje el día ocho como teníamos pensado. Aun así, el ocho por la magnana, tras despedirnos de los amigos de warmshowers que nos hospedaron en Viena (Simon y Nina) y acompagnados de Peycho, un bulgaro que tambien va de viaje en bici, cogimos la pista ciclista que se extiende a ambos lados del Danubio y emprendimos la ruta en sentido contrario al del río. Desde el principio nos sorprendió, por un lado la cantidad de gente que circulaba en bici, y por el otro la increíble calidad de la pista ciclista por la que circulábamos. La lluvia nos iba respetando a pesar de que de vez en cuando algunas gotas nos hacían dudar de si usar el chubasquero o esperar a que parara. Por suerte, hasta el momento, siempre ha parado a tiempo y aunque hemos pedaleado siempre con el cielo lleno de nubes todavía no nos ha caído la que seguro nos ha de caer antes de terminar este viaje. Pedaleamos casi dos jornadas enteras por el Danubio y llegado el momento decidimos hacerlo hacia el norte con dirección a la República Checa, donde nos encontramos ahora. Nos llamó mucho la atención, es más nos impresionó, incluso a alguno de los dos nos llegó a agobiar, el extemado orden y cuidado con que tienen organizado todo los autríacos. Los jardines son perfectos, las cunetas de las carreteras están limpias, los contenedores de basura impolutos, las segnalizaciones para las bicis increíbles. En las zonas rurales que hemos atravesado, las familias al completo se entregaban con inusitado fervor a cortar el césped, regar las macetas, colocar las flores, emperifollar al perro... Mi madre (escribe Miguel) no podría visitar esas zonas, y si lo hiciera lo que no podría sería volver porque creo que, en relación a lo estético, encontraría el paraíso que nosotros allí le negamos. Me pregunto dónde meterá toda esta gente en caos y el desorden que cada uno llevamos dentro, porque de cara a los demás no exteriorizan nada. Imagino que andarán las consultas de terapia con la lista de espera a reventar. Allí la putada no es que te rayen el coche sino que te estropeen el jardín.
Fue, en ese sentido, un alivio entrar en la República Checa. Las carreteras siguen siendo inmejorables para la bici, con buen piso, atravesando parajes hermosos con cientos de lagos y sin tráfico. Aquí los coches, en general, ante la mínima duda, se paran detrás de ti hasta que ven claro que tienen espacio suficiente para adelantar. Igual que en Espagna, Turquía o Marruecos, donde funciona el "si no cabemos todos al mismo tiempo quítate tú".
Ahora descansamos en Pelhrimov, en casa de Evik, una amiga que se está portando de maravilla con nosotros. Magnana salimos hacia Praga y, si no pasa nada, llegaremos pasado al mediodía. A partir de ahí la ruta es todavía una incógnita, al igual que el viaje en sí mismo porque una situación no deseada en el trabajo de un servidor puede provocar que tengamos que regresar antes de lo previsto. Mientras esperamos a ver cómo se resuelve el asunto, seguiremos pedaleando como hasta ahora.
Ahí van algunas foticos.
Un abrazo.




Comentarios sobre Desde Pelhrimov
Que envidia, pijo. Aunque yo no se si cambiaría unas lentejas que estoy preparando (escribe Juanjo, jeje) por unas salchichas típicas de por allí. Pensándolo bien si que cambiaríamos, sobre todo por el calor bochornoso de estos días aquí en Lorca. No se puede ni dormir.
Por cierto allí hay otros murcianos recorriendo el Danubio en bici, concretamente Sifo que está preparando una biciguía para Desnivel.
Un abrazo y seguid disfrutando.
...No para cualquiera:
"Nosotros en cambio, vivimos las frías
mansiones del éter cuajado de mil claridades,
sin horas ni días,
sin sesos y edades…
Es nuestra existencia serena, inmutable;
nuestra eterna risa, serena y astral"
Nenicos, cuidaros mucho y no dejéis de pedalear...... Nosotros, de momento, sin sobresaltos...
MUACA.-