La costa en bici casi sin costa
Cuando viajamos por el interior, Miguel repite hasta la saciedad que el mundo debería estar lleno de pistas de tierra para poder recorrerlo tranquilamente en bicicleta. Y yo hago extensible la utopía a los viajes por la costa. El pasado fin de semana dormimos en una playa próxima a Terreros, hasta hace unos años un verdadero paraíso a tiro de piedra. Por la mañana salimos en bicicleta con una sola alforja, agua y muchas ganas de disfrutar del día aunque el viaje fuera corto. Seguimos por la carretera que lleva hasta Villaricos. De momento, aún se pueden ver todas las calas y disfrutar de la visión del mar, aunque los carteles de las constructoras por el camino ya auguran el cambio de paisaje. Antes de llegar a Villaricos, y después de pasar los toboganes rompepiernas (a niveles mínimo, eso sí) nos topamos con otro agravio de la modernidad, la fábrica de Deretil que cada vez se come más montaña y contamina más costa, por muchos escudos ecológicos que digan utilizar . Villaricos es un respiro. El paseo e smuy recomendable por este pueblo pesquero con dos puertos y muchos pescadores de los de toda la vida. Después de dejar Villaricos comienza el rosario de urbanizaciones y urbanizaciones, y urbanizaciones, y urbanizaciones, y urbanizaciones.....hasta llegar a Mojácar. Por cierto, hay un tramo de carril bici a las puertas de estas urbanizaciones que no está mal, pero no tiene continuidad. Además, no lo cuidan. está lleno de socavones y las plantas le empiezan a comer terreno. En Mojácar ya ni me paro a pensar en lo que llaman el desarrollo urbanístico porque por delante tenemos las cuestas que nos suben hasta el pueblo. El esfuerzo merece la pena por las vistas, no tanto por la explotación turística del sitio, aunque para ser justos, es ésto lo que da de comer a sus habitantes. En fin...
Ah, y por fin arreglé mi primer pinchazo después de más de 4000 km...


