Nos acusan de abandono
Corre uno cierto riesgo al empezar a consultar páginas de viajes en bici en internet. Ocurre que lo que parecía ser un instinto dormido, en conveniente reposo invernal, surge de repente, sin avisar. Aparece una intranquilidad definida, nítida, acuciante. No es necesario cerrar los ojos para verse de nuevo montando la tienda, usando el hornillo, mirando el mapa y eligiendo destino. Viene ella entonces y se le ocurre al verme que estoy preocupado por algo. No, le digo, es tan solo que viajaba de nuevo. ¿Dónde?, me pregunta. No lo recuerdo bien; tal vez Chile o Mongolia; no he tenido tiempo para saberlo. Te veía delante con las alforjas rojas y el casco blanco, a unos treinta o cuarenta metros, por una carretera estrecha, llana y recta, de color gris claro, de esas que de lejos no se sabe bien si son de tierra o asfalto viejo.
Miro historias de viajes que han terminado, de otros que están en mente, de otros que están en curso. Miro, estudio casi, fotos de viajeros solitarios y de otros que sólo se atreven a pedalear en compañía. Un hombre solo; una mujer sola; una pareja; dos amigos. ¿Iba muy rápido? Ella quiere saber, porque le gusta y porque tal vez empiece a necesitarlo. No, le digo. No ibas rápido pero se te veía con intención de pedalear muchas horas. Se ríe. No me cree cuando le digo que la mayoría de las personas que viajan en bici no hacen tantos kilómetros al día como le gusta hacer a ella.
Curioseo en las páginas y en los blogs sobre los itinerarios, el equipo, las imágenes. Me siento a elaborar la programación para el instituto pero de repente aparece en el buzón de entrada un mensaje de rodadas, y una vez dentro el puntero se va sin preguntar a los enlaces o a la comunidad de vecinos. Y claro, la programación sale a tiempo pero con prisas, mientras que el paseo sobre los viajes en bici se hace con más calma, como si uno fuera el compañero de quien se encuentra en Irán o en EEUU camino de Tierra de Fuego. ¿Cuándo salimos? No se conforma. No quiere que entre el invierno usando la bici sólo para pequeños paseos. ¿Cuándo puedes tú? Ahora pregunto yo, para que ella decida. Nos vamos para dos noches, salimos el viernes 31 de octubre y volvemos el domingo. Y vamos a llevar invitados. Personas que quieren probar, que preguntan interesadas qué necesitan y cuánto valen unas alforjas. Poco, les decimos, poco para lo que ellas te dan a cambio ¿Dónde vamos? Da igual. Elige tú. Tal vez por Topares otra vez ya que allí siempre nos tratan muy bien y Jose nos deja su cortijo y el alcalde un garaje grande. Además toda la Sierra del Gigante y la Culebrina debe de estar hermosa después de tanta lluvia. Las bicis están listas después de que nos acusaran de abandono a la vuelta de Turquía. Prometemos usarlas pronto y que se quejen de maltrato antes que de abandono. Nos vemos pues, con quien quiera venirse. A ti no hace falta que te invite porque eres el viaje mismo .



