Primera noche en La Alberquilla después de casi cinco semanas deambulando con gusto sobre las bicis. Primera vez también que un viaje largo acaba en casa, y la verdad es que uno llega y al guardar la bici parece que viniera de dar un paseo mañanero. Tere le hablaba a la suya mientras le quitaba las alforjas y sin ocultar la pena le decía, agradecida, que no sabía cuándo sería la próxima vez que se las colgaría. Ella no hubiera dudado un segundo en pedalear otras cinco semanas u otros cinco meses: así de bien se siente cambiando de hogar cada noche. Desde Cáceres hasta aquí tampoco cumplimos la mínima ruta que parecíamos tener pensada, tan sólo ha coincidido la llegada a Lorca desde La Parroquia, que es la que más nos gusta de todas las posibles y la que recomendamos. Como casi siempre, algunas zonas de esta última parte del viaje y algunos encuentros destacan sobre el resto, sobre todo aquellos que tienen que ver con la hospitalidad que personas por completo desconocidas brindan a cambio de nada a dos caprichosos “viajeros” en bici. La hospitalidad se parece en todos sitios y al mismo tiempo siempre es genuina. Además, suele llegar en momentos más o menos delicados en los que cualquiera que eche una mano recibirá un agradecimiento no sólo nacido de la habitual y necesaria cortesía sino, y sobre todo, de ver la necesidad calmada. Decía Alicia, de rodadas.net, en una entrada publicada en el blog de una amiga suya y que fue muy leído, que “la gente es buena”. Más allá de que la experiencia de cada cual apoye o no la afirmación y de que la televisión y otros medios no se cansen de decirnos que en cualquier lugar existe un peligro latente esperando a que pasemos por allí, nosotros, después de algo más de diez mil kilómetros a pie de ruta en numerosos viajes, tenemos que decir lo mismo. Nada impide que el que a nosotros nos ayuda en un momento determinado a otro le esté causando un mal terrible, pero no es a eso a lo que nos queremos referir. Lo que nos dice nuestra experiencia es que existe, en general, una buena disposición de la gente a sacarlo a uno de un apuro aun cuando ello suponga alterar de alguna manera la actividad cotidiana. Tal vez sea porque dos personas en bicicleta no asustan a nadie ni son percibidas como algo amenazante, pero cualesquiera que sean las razones, si hay algo que nos gusta y que nos sigue animando a viajar en bici es el trato con las personas que vamos encontrando, ya sea aquí, en Marruecos o en Turquía. Y así nos los dicen también todos aquellos viajeros enganchados a esta manera de desplazarse que han estado por muchos más países y mucho más distintos que nosotros a lo largo incluso de años de pedaleo. Es verdad que puede parecer, y ser, una visión y una lectura simplona de la realidad si vemos cuál es la situación de la convivencia en buena parte del mundo, pero no creemos que sea falsa. Todo esto viene a cuento del providencial encuentro que tuvimos hace unos días con Juan “el guarda” y parte de su familia mientras subíamos el puerto de Escúllar, que nos llevaba de Abla a Caniles. Sin dar muchos detalles la cosa se puso muy fea cuando empezó a llover fuerte y a soplar un viento racheado y frío que poco a poco y aunque subiendo nos iba dejando cada vez más rígidos y preocupados. Nada aparecía en el mapa hasta Caniles, para lo que faltaban más de diez kilómetros de subida y treinta y cinco de bajada en la que con seguridad el frío nos lo haría pasar peor de lo recomendado. Nada se veía cerca de la carretera que nos pudiera dar cobijo más allá de ruinosas majadas que ni los pastores usan ya para el ganado. Cerca del kilómetro veinte pasamos junto a un cortijo blanco con un porche pequeño en la parte delantera que a nuestros ojos era una suite del Ritz. Ignorábamos que dentro pasaba el puente del Pilar una familia que esa tarde no sólo nos libró de un muy mal rato sino que nos regaló un montón de buenos momentos al calor de la lumbre que, apurando el tópico, serán difíciles de olvidar. Con su permiso diremos que la conversación con todos, pero sobre todo con el abuelo del clan fue una delicia, aliñada en todo momento por su mujer, Rosa; sus hijas, Rosa e Isabel; sus yernos Juan y Antonio, locos por la caza cuya veda se levantaba esa noche; e incluso por su nieto Antonio, de tres años y aficionado a encender cerillas y a decirle a su abuelo que le iba “a pegar fuego”. Fueron muchas las historias que nos contó y las preguntas que hicimos, antes y después de cenar más de lo que pudimos. Y dos frases que no se borran: la primera cuando quisimos montar la tienda de campaña en la calle y a lo que respondieron: “habiendo camas vais a montar la tienda en la calle, vamos, eso ni soñarlo”; la otra cuando a Tere se le ocurrió decir por la mañana que ya nos marchábamos: “ni hablar, antes tendréis que calentaros las barrigas con un café con leche”. Y así fue que dormimos en cama y empezamos el pedaleo tras el generoso desayuno que casi nos da energía para terminar el viaje. Una vivencia de este tipo es capaz de llenar toda una ruta de casi tres mil kilómetros y dejarte todavía con ganas de seguir. Pero sobre todo se siente uno en la necesidad de agradecerlo y de contarlo, para desmontar poco a poco un miedo al trato con los demás que se nos antoja más peligroso aún que lo que se trata de evitar. ¿Dónde no hay riesgo?, ¿quién está completamente a salvo? Nosotros, desde luego y de momento, no nos sentimos más seguros dejando de viajar en bici.
Por lo demás, desde Cáceres, donde contamos por última vez, nos quedamos sobre todo con toda la parte de la ruta que nos ha llevado a cruzar Sierra Nevada subiendo el Veleta y bajando a partir del refugio de la Carigüela hasta la Laguna de la Caldera y desde ahí a Capileira y toda la zona alpujarreña hasta Ohanes, desde donde cruzamos a Abla. Ha sido un final de viaje muy exigente y no menos gratificante, sintiendo que ni fotos ni el esmero en el relato hacen justicia alguna a lo visto y vivido. Nos gusta viajar juntos, eso también nos viene quedando claro. Decaboarabo, si Dios pasa y no quiere nada, puede que tenga alguna continuidad.
Siempre, al terminar cada viaje, tenemos la intención de dejar aquí información detallada de la ruta, alojamientos, zonas de acampada libre, mejores y peores carreteras y cosas por el estilo por si a alguien se le ocurre hacer algo parecido, pero nunca lo hacemos. Tampoco sabemos si en esta ocasión haremos el intento.
Un saludo.
Algunas fotos.